Linux

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Vidyo es un sistema de videoconferencia muy usado en entornos empresariales. Funciona en múltiples plataformas incluido Linux. Cuando se instala el cliente en Linux, se activa por defecto el inicio automático y Vidyo se carga cada vez que se entra en el entorno de escritorio. Una de las opciones de configuración permite, en teoría, desactivar este inicio automático, pero no funciona en la práctica.

Para desactivar el inicio automático hay que editar el archivo vidyo-vidyodesktop.desktop en el directorio .config/autostart de nuestro home (por ejemplo /home/danflavin/.config/autostart). En ese archivo añadiremos al final la siguiente línea:

Hidden=true

Al reiniciar el escritorio, Vidyo no debería aparecer automáticamente a partir de ahora.

Fuente: The Autostart folders in KDE/Linux

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Hace un tiempo explicaba como dividir un archivo de texto usando sed. El problema de este método es que no sirve para archivos binarios y que hay que hacer una estimación a ojo de la longitud del corte. En esta entrada se explica un método mejor para dividir cualquier tipo de archivo o directorio de forma automática. Este método funciona directamente en sistemas operativos tipo UNIX, como Mac OS X o Linux, donde vienen instalados por defecto tar y split.

Como explicábamos antes, el tamaño máximo de archivo en un sistema FAT32 es de 4GiB. Si queremos transportar un archivo de tamaño mayor en un disco duro o una memoria USB formateada con este sistema de ficheros, necesitaremos dividirlo.

División del archivo

El archivo se empaqueta y comprime usando tar y se divide en trozos de 4000 MB usando split. Finalmente se copia en el dispositivo de destino:

tar -cvpz /ruta/archivo | \
split -d -a 3 -b 4000m - /mnt/disco_fat32/archivo.tar.gz.

Se irán generando trozos del archivo comprido identificados por un número de serie como sufijo (archivo.tar.gz.000; archivo.tar.gz.001; etc). La compresión es opcional –parámetro z del comando tar– pero puede ahorrar bastante espacio según el caso. En lugar de un archivo de entrada podemos indicar un directorio para empaquetar todo su contenido. Los parámetros de split usados indican:

  • -d → que use números como sufijo en lugar de letras.
  • -a 3 → que use 3 cifras. Apropiado para unos 1000 trozos (unos 4 TB tras comprimir).
  • -b 4000m → que separe en trozos de 4000 MB.
  • – → que se use como entrada la entrada estándar stdin.

Recuperación del archivo

Para volver a unir los trozos y obtener de nuevo el archivo o el directorio comprimido en el lugar que elijamos se usa lo siguiente:

cat /mnt/disco_fat32/archivo.tar.gz.* | (cd /ruta_elegida/; tar zxv)

Los trozos son unidos y extraídos por tar en el directorio que hemos denominado ruta_elegida.

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En alguna ocasión he necesitado dividir un archivo de texto plano en varias partes. En un momento dado, por ejemplo, necesitaba copiar a un disco formateado en FAT un archivo con comandos SQL que tenía un tamaño de 6.3 GiB. Como mi disco, formateado en FAT, solo acepta archivos de hasta 4 GiB, es necesario dividir el archivo de texto en dos partes. Decidí usar herramientas sencillas (wc, sed y cat) y evitar usar dd. El comando dd es muy versátil y potente; tan potente que puede causar estragos al más mínimo error (parece que en broma se dice que dd es el acrónimo de “destructor de datos”).

División del archivo

En mi caso sé que casi todas las líneas del archivo de texto tienen la misma longitud. Una forma de dividir el archivo sería introducir la primera mitad de las líneas en un nuevo archivo y la segunda en otro. Primero contamos el número de líneas usando wc:

wc sql_data.sql 
   5557603  455721539 6882254952 sql_data.sql

Se puede ver que el archivo tiene 5.557.603 líneas. Introduciré las 2.800.000 primeras líneas en el primer archivo y el resto en el segundo. Para esto se puede usar sed:

sed -n 1,2800000p sql_data.sql > sql_data1.sql
sed -n 2800001,5557603p sql_data.sql > sql_data2.sql

Para volver a juntar las dos partes se puede usar directamente cat:

cat sql_data1.sql sql_data2.sql > sql_data_check.sql

El resultado final son dos archivos con un tamaño inferior a 4GiB:

-rw-r--r--  1 jsm users 3553315243 Jul 31 12:10 sql_data1.sql
-rw-r--r--  1 jsm users 3328939709 Jul 31 12:12 sql_data2.sql
-rw-r--r--  1 jsm users 6882254952 Jul 31 12:17 sql_data_check.sql
-rw-r--r--  1 jsm users 6882254952 Jul 24 16:19 sql_data.sql

Comprobación

Sí quisiéramos comprobar que todo está bien podemos comparar el hash MD5 del archivo inicial con el del archivo recuperado usando cat:

md5sum sql_data.sql 
  13e934907ab22b8b6e0bd2c1b3bb29d0  sql_data.sql
md5sum sql_data_check.sql
  13e934907ab22b8b6e0bd2c1b3bb29d0  sql_data_check.sql

Como se puede ver los dos archivos tienen el mismo hash, indicándonos (en este caso) que son iguales.

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La tableta Samsung Galaxy Tab Wifi (P1010) tiene una pantalla multitactil de 7 pulgadas (unos 17.8 cm), GPS, cámara frontal y trasera, etc. La última versión de Android que usa es la 2.2.1 Froyo. Al situarla en posición vertical, bajo la pantalla hay cuatro botones de función típicos de Android, de izquierda a derecha: preferencias, inicio (“home”), atrás y búsqueda.

Cuando se descarga completamente la batería pueden aparecer efectos indeseables. Por ejemplo, los iconos personales de la pantalla de inicio desaparecen, se vuelve a la pantalla de inicio de fábrica y la tecla de inicio deja de funcionar. Esta descarga puede ocurrir si se deja conectada una aplicación que use el GPS.

Para recuperar la funcionalidad de la tecla de inicio se puede conectar la tableta al ordenador con el cable USB en modo Kies. El modo Samsung Kies se selecciona en los ajustes dentro del menú Conexiones inalámbricas y después dentro de Ajustes USB. No importa que se conecte a un ordenador que no tenga instalado el software de Samsung, para desconectar del ordenador se pide que se pulse la tecla de inicio. A partir de ese momento vuelve a funcionar la tecla sin tener que hacer un reinicio duro del sistema que devuelva todo a la configuración de fábrica.

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La suite ofimática OpenOffice es en la actualidad un digno competidor de Microsoft Office con la gran ventaja de ser software libre. Además se apoya en estándares abiertos que han sido aprobados por ISO (ISO/IEC 26300) sin ningún proceso sospechoso. El OpenDocument, aparte de generar menos dudas que el formato OOXML de Microsoft, puede ser manipulado en la práctica por varios programas como Google Docs o el propio Microsoft Office y, si se usa OpenOffice, el coste del software es nulo aparte de totalmente legal.

En los últimos tiempos han aparecido algunas dudas sobre el futuro de OpenOffice tras la adquisición de Sun, la empresa que promovía su desarrollo, por Oracle. Esto ha sido el detonante de la creación de la bifurcación denominada LibreOffice, una implementación que, por el momento, es prácticamente una copia de OpenOffice pero que posiblemente tenga mucho que decir en el futuro. Es posible que el control estricto que ejercía Sun sobre el desarrollo de OpenOffice y la obligación de ceder el Copyright a la hora de contribuir al proyecto frenaran su desarrollo.

OpenOffice es una gran herramienta que está en continuo desarrollo, la comunidad de usuarios parece muy involucrada y siempre dispuesta a ayudar. Las nuevas herramientas de bases de datos lo hacen cada vez más potente aunque se encuentran en sus primeras fases de desarrollo y no disponen de todas las características que se esperan aún. En próximas entradas voy a explicar como he solucionado algunos de los problemas que me he ido encontrando al usar OpenOffice.

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Lo primero que pensé cuando supe que iba a haber una versión nueva de KDE (yo por aquel entonces usaba KDE 3.4) usando las librerías Qt4 pensé: “que bien, la potencia de KDE combinada con las nuevas funcionalidades de Qt4”. Bastantes años ya después sigo esperando un KDE 4 que cumpla con aquel pensamiento.

No sé lo que pasó exactamente, cómo uno de los mejores escritorios que había en el momento llegó a quedarse tan atrás en cuanto a usabilidad. A día de hoy el escritorio de KDE ha cambiado de tal forma que es casi irreconocible con respecto al de KDE 3. Hay numerosos cambios en la forma de interactuar con el escritorio. El nuevo menú de inicio es posiblemente más funcional que el anterior pero no se por que razón siempre acabo más tiempo del necesario con el ratón sobre él con despliegues y repliegues automáticos en momentos en los que no los necesito. El navegador por defecto ahora es Dolphin, todavía no he encontrado una manera sencilla para volver a usar Konqueror por defecto. Con Konqueror era capaz de exprimir toda la potencia de KDE al usar los kio-slaves (pienso que una de las utilidades más potentes de KDE que lo ponen por encima de sus rivales) para acceder a todo tipo de recursos a la vez que, con el emulador de consola, manejaba los archivos manualmente. El panel de control ha aumentado en complejidad aunque los apartados están muy bien delimitados. También aparecen los plasmoides, Phonon, Nepomuk y alguna que otra mejora o tecnología novedosa. Sin embargo lo que más cambia a primera vista es el aspecto del escritorio.

El escritorio es ahora muy transparente, todo está suavizado y hay muchos efectos visuales. Esto, que puede ser muy bonito y llamativo en principio, se convierte en una pesadilla al usar equipos con recursos limitados o máquinas virtuales. Aunque los efectos visuales se pueden desactivar, el escritorio ya no es igual de llamativo y, sinceramente, se pierde un poco el sentido de tanta transparencia. Los nuevos iconos están muy elaborados, también los de los punteros del ratón. En el caso de los punteros del ratón se me ha hecho complicado poder elegir otros alternativos (que no sean solo un trivial cambio de color) que no se maten con el resto del escritorio, de hecho todavía no los he encontrado.

Por último, lo más desesperante de esta nueva versión son los fallos. Sí, aún a estas alturas sigue habiendo fallos que me recuerdan a los que había hace 10 años con las primeras versiones de KDE 2. Paneles que se abren y se cierran en un bucle infinito dependiendo de su posición en la pantalla, despliegues y repliegues automáticos indeseados de algún menú (quizás esto sea una característica en lugar de un fallo), paneles que fallan y desaparecen sin previo aviso. Todos estos fallos son los que hacen que aún no dé el salto a KDE 4 y me mantenga con KDE 3 y planteándome si pasarme a GNOME en un futuro. Los detalles que hacían potentísimo a KDE han quedado diluidos debajo de una maraña de accesorios visuales que hacen que el nuevo KDE parezca un producto de investigación de nuevas tecnologías (no depuradas) en lugar de una herramienta estable y fiable.

Quizás con su inclusión por defecto en la nueva versión de Debian se arreglen algunos de los problemas que le encuentro. En fin, le daré un numero de versión más de margen con la esperanza de no tener que cambiar a otro escritorio.

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Es difícil pregonar las virtudes de Linux cuando uno se encuentra con comportamientos por defecto en las distribuciones del mismo tipo de los que le hicieron abandonar otro conocido sistema operativo. La última actualización de Ubuntu ha resultado en desastre total y la posible pérdida de un usuario.

Normalmente utilizo Linux para trabajar, específicamente Debian. En el fondo, aparte de una opción personal, es una obligación ya que muchos de los programas que uso solo están disponibles para sistemas UNIX y, en algunos casos, solo en Linux. Aún así trabajar habitualmente con un sistema estable que hace lo que quiero y que además tiene todas las ventajas del software libre es un placer. También sé que he dado con una distribución que es perfecta para eso, trabajar sin sorpresas. La famosa estabilidad de Debian en comparación con otras distribuciones y sistemas operativos se convierte en un requisito indispensable cuando se usa en tareas críticas. ¿Quién no recuerda los famosos pantallazos azules de la muerte en el momento menos oportuno? He pasado por muchas de las otras distribuciones de Linux y cada una ha tenido su momento, tienen sus virtudes y sus problemas. He de reconocer que la facilidad de instalación y de uso de Ubuntu junto con el soporte que le da su comunidad la hacen una distribución perfecta para adentrarse en el mundo de Linux. Pero…

Una amiga me pidió que le instalara un Linux porque tenía mucha curiosidad al verme trabajar con Linux y hacer ciertas tareas con facilidad. Me decidí a ayudarle a instalar Ubuntu 9.04. Solo le tuve que ayudar en la parte de las particiones. Pensé que sería una buena opción para empezar ya que es fácil de usar y detecta sin problemas todo el hardware con las opciones por defecto. Y así fue, todo funcionó bien al principio y hubo mucha alegría.

Hace poco apareció la nueva versión de Ubuntu, la versión 9.10. En el dialogo de actualización de la Ubuntu 9.04 aparece un rectángulo bien grande arriba en donde pregunta si se quiere actualizar a la versión 9.10. No sé de quién sería la idea, supongo que pretenden que todos los usuarios “disfruten” de las bondades del nuevo lanzamiento. La cuestión es que mi amiga pulso el botón creyendo que era una actualización normal. El programa se descargo varios cientos de Mb de paquetes y después tuvo al ordenador medio bloqueado (actualizando, claro) durante cerca de una hora. Y, para colmo, al finalizar aparece un cuadro de dialogo diciendo que la actualización no se había realizado correctamente y que el sistema había quedado en estado inestable.

El enfado fue tremendo. Ya sé que en el fondo ella le dio a la opción de actualizar la versión pero, ¿Es necesario que todo el mundo se actualice a la última versión del S.O.? ¿No os recuerda a otro Sistema Operativo? No sé a que viene esa opción de actualizar a la última versión en el cuadro de dialogo principal del gestor de actualizaciones. Al menos no entiendo que no informe sobre que quiere decir eso y las consecuencias que puede tener. Y, lo que es más importante, ¿Tiene esa actualización que fallar estrepitosamente? Me ahorro los comentarios pero creo que llevar a los usuarios de versión en versión y de fallo en fallo es un error que me sigue recordando a los cometidos por otro sistema operativo. También puede que esté equivocado y en realidad no sea un fallo sino una estrategia, al fin y al cabo a otros les ha ido muy bien esa forma de actuar antes.

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En las versiones de Google Earth para linux puede aparecer un problema con las fuentes. En algunos casos las fuentes se ven muy pequeñas y con un aspecto pixelado. Se puede solucionar parcialmente el problema aumentando el tamaño de las fuentes. En este post intento mostrar un remedio que ha funcionado para mi Debian Etch y Google Earth 5.0.11337.1968 (beta) pero que podría funcionar para otras distribuciones también.

La versión 5 de Google Earth usa las librerías Qt4. Para evitar problemas con las dependencias incluyen las librerías con la aplicación y, de alguna manera, esto hace que las fuentes se vean mal. La solución que encontré en este post fue la siguiente:

  • Nos aseguramos de tener instaladas las librerias Qt4 y sus programas de configuración con aptitude, apt-get, synaptic, instalado a mano, compilándolas o de nuestra forma favorita.
  • Entramos en el directorio de instalación de Google Earth, que en mi caso es ~/.google-earth pero podría ser /usr/local/google-earth o alguno equivalente.
  • Editamos el archivo qt.conf que se encuentra allí y añadimos las siguientes líneas:
[Paths]
Documentation=/usr/share/doc
Libraries=/usr/lib
Plugins=/usr/lib/qt4/plugins/imageformats
Translations=/usr/share/qt4/translations
  • Ejecutamos qtconfig-qt4 y en la pestaña “Fonts” cambiamos la propiedad “Point Size” a un valor más grande, por ejemplo, 12.

Cuando volvamos a iniciar Google Earth seguiremos teniendo las fuentes con un aspecto pixelado (parece que no funciona el antialiasing) pero de un tamaño mayor que las hace más legibles.

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